
Si consideráramos que un sujeto fuera sometido a una serie de “técnicas” para inducir dependencia toda vez que se incluyera en un grupo, no tendría sentido que continuáramos refiriéndonos al tema, nadie se escaparía, no podríamos contra ella. Si cada sujeto que pasa a integrar un grupo, por distintas circunstancias corriera el riesgo de tornarse grupo-dependiente, la sociedad misma perdería su sentido.
Muchas técnicas conocidas generalmente como “técnicas de lavado de cerebro”, sólo actuarán con efectividad si el sujeto se deja “lavar”. Con esto queremos expresar que, no desestimamos la acción nefasta de quienes a cualquier costo intentan reducir al hombre a un número efectivo para uso personal. Tampoco podemos obviar la presencia de múltiples grupos sectarios que intencionalmente enaltecen el sufrimiento, que intentan ubicarse por encima de toda realidad social, más allá de toda ética y del bien común.
Observamos en el accionar que si un sujeto no genera él mismo su dependencia, no se somete ,aquellas “técnicas”, resultarán ineficientes.
¿Puede un líder “convencernos” de su estado divino si no asistimos a un entrevista con él, si no recibimos a sus adeptos, si no participamos de las reuniones comunitarias, si no permitimos el acompañamiento de sus reclutadores? No influye tanto quien pretende inducir, ni domina tanto quien intenta imponer.
Si intentáramos conservar frutas en almíbar y no tapáramos el envase, el medio sería dulce sólo por un breve período de tiempo; la fruta cambiaría su sabor y se pondría rancia. Este es el resultado al que conducen aquellos grupos: el “estado afectivo-conductual” del sujeto se altera. Cabe aclarar que ningún grupo que induzca dependencia emplea la tapa del envase; los líderes de los grupos prefieren la fruta rancia.
Cuando un sujeto se sumerge en el sub mundo de la dependencia grupal observamos:
- Incapacidad de funcionar socialmente fuera de las reglas del grupo
- Necesidad de aprobación (al nuevo rol, a su “elección”)
- Responsabilidad delegada al grupo (o al líder)
- Estado de “defensa” permanente
- Pérdida de confianza en sí mismo
- Relaciones emocionales dependientes
- Comportamiento de sumisión
- Represión de afectos positivos hacia el entorno vincular (manifestación de afectos negativos)
- Actitud aparentemente pasiva ante lo “extraño” al grupo
- Pérdida de contacto con su realidad vincular
- Temor de ser separado del grupo
- Necesidad excesiva y manifiesta de “pertenecer”
Así, el daño que provoca la dependencia grupal se hace visible.
Por el contrario, en una interacción fuera de toda dependencia, un sujeto decide cómo orientar su vida, establece relaciones que selecciona, elabora proyectos, toma iniciativas, asume roles y responsabilidades en coherencia con su identidad, actúa activamente en sociedad, interactúa con su núcleo social intimo, intercambia, se opone, disiente, acepta, comparte. Características observables en el hombre desarrollado en libertad de acción y pensamiento. El resto, siempre es parte de una petición incongruente de quienes buscan una ventaja de la situación, porque en dependencias, no somos todos iguales.
Mara Martinoli - Reedición
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1 comentario:
¡Muy bueno! Un gusto releerlo.
Juan :)
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