La manifestación del padecimiento de los niñ@s en ocasiones puede ser indirecta, como una reacción de agresividad, conciente o inconciente, pasiva o activa, porque su concepción confunde entre lo interno y lo externo, como si realidad y ficción se entrelazaran, porque aún no logran la racionalización del mundo, o tal vez preferirían no racionalizarlo, huyendo de una verdad que no pueden asimilar. No les es sencillo ver ese, su único mundo, cuando se torna en lugar de manifestación de fuerzas destructivas, que al igual que la aceptación del juego entre agresor y víctima, producto de una dinámica de emociones, desencadenará presiones instintivas, generará profanaciones físicas, psicológicas y morales, inauditas, inimaginables y el padecimiento continuará y será mayor. Frecuentemente los medios nos informan sobre la crueldad de un fenómeno en progresiva expansión, con datos disponibles imprecisos y una única certeza: no hay estratos, clases ni niveles, es una realidad transversal en nuestra sociedad, porque l@s niñ@s siempre son presa y víctima fácil para satisfacer apetencias, como si ell@s activaran en el adulto en ejercicio de poder y control, un juego sádico seductor. Y cuando nos enteramos, ya sabíamos de la motivación que acentúa la vulnerabilidad sometida a mayor vulneración.
En nuestros días, l@s niñ@s padecen las más variadas formas de maltrato y seducción psicológica que se desencadenan en grupos sociales marginados, dentro de los cuales incluyo a los grupos sectarios, a las seudo religiones y falsas creencias, grupos en los que encontrarán sujetos impulsivos, sadomasoquistas, egocéntricos, narcisistas, dependientes de impulsos agresivos instintivos y fuertes ambiciones económicas, características que, como bien sabemos, son inherentes a los líderes sectarios.
Y cuando urja la ayuda para salir de lo contenido, para que la ira no se traduzca a su vez en futuros actos violentos hacia otros o hacia ell@s mism@s, en definitiva, hacia la sociedad que no los integra, en el círculo de la prevaricación no sabrán qué lugar ocupan.
¿Correremos en búsqueda de centros y especialistas que l@s asistan, centros que tal vez no existan?¿Esperaremos que los medios nuevamente nos informen para intentar subsanar lo que se pudo salvar?¿O preferiremos continuar resguardando la “respetabilidad” de líderes convenientemente “insospechados” gozando de la fachada armada que impide evaluar la aberración en el plano legal?
Sin lugar a dudas, habrá “motivaciones” implicadas que intenten aproximar explicaciones de carácter general, producto de una sociedad a-social, “controladamente incontrolada”.
El “estado social” no ignora el maltrato de nin@s en grupos sectarios, grupos en los cuales nurtura afecta natura. La condena moral puede ser clara y precisa, o enmendativa, pero ¿la legal? Porque ell@s, indefensos en cuyas bases ya hay demasiadas frustraciones, son también descuidados, ocultos y ocultados por la ceguera cultural que tal vez considere que los sucesos pasan paralelamente por otra vía, como producto remanente de una cultura arcaica. No hay Declaración de Derechos que impida hoy, en esa realidad, el maltrato.
Mara Martinoli
Reedición: El maltrato de l@s niñ@s y los grupos sectarios





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