ASESORÍA
La Plata

Provincia de Buenos Aires

domingo, 23 de agosto de 2009

Cuando la estrategia es de los otros

Abstract

Cuando se deposita la confianza en un grupo que se observa como protector porque en apariencia alimenta y satisface las necesidades psíquicas, en un juego similar al de la seducción, desplazando las necesidades subjetivas por las exigencias colectivas, se origina una distorsión y ruptura de la realidad circundante (autoengaño), depositando todo en “los otros”.

La pertenencia deriva en dependencia y la confianza en ausencia de crítica; asimilar algunas situaciones implicaría encontrarse con “el lado oscuro de la propia humanidad”.

Bajo la presión unión-dependencia la única decisión personal es la de seguir perteneciendo en una actitud pasiva que provoca temor de separación y comportamiento de sumisión.

Tomar conciencia de la propia identidad requiere de una múltiple adaptación de estrategias para “volver a confiar” en sí mismo y en el mundo circundante.

¿Cómo puede recordar un hombre preso en esa red de actividades que es hombre? – E. Fromm

DESARROLLO

La integración a pequeños grupos es una característica innata del hombre que, en condiciones normales, cambia desde lo simbiótico-dependiente a una relativa independencia en un marco social con el cual establece un diálogo positivo o negativo.

Un grupo puede definirse como un sistema abierto de individuos que interactúan entre sí y con un medio circundante que promueve el desarrollo de las capacidades individuales en lo colectivo y de lo colectivo a lo individual, interactuando con la realidad en un proceso continuo de transformación.

Puede representar el medio para obtener respuestas o el logro de una comunión, pero también el deseo de aislarse o la necesidad de permanecer en una confusión porque las estrategias personales no son suficientes para lograr soluciones. Sabemos que los mecanismos para tratar las amenazas son intentar los cambios necesarios para eliminarlas o negar y/o deformar lo que está amenazando; también sabemos que cualquier comportamiento placentero es susceptible de convertirse en una conducta adictiva cuando se pierde el control de la misma. Cuando la atracción, uno de los múltiples fenómenos que impulsa a un individuo a integrar un grupo, deriva en cierta compulsión, hacemos referencia a grupo dependencia, a la acción adictiva a participar de un grupo -de características religiosas, filosóficas, auto-ayuda, espiritual, orientación de vidas u otros -, a socio-adicción -no relacionada con el consumo de sustancias-, a un trastorno vinculado a actividades humanas cuya dimensión y significado van más allá del individuo.

Cuando se deposita la confianza en un grupo que se observa como protector, dentro de esta estructura el individuo pierde los aspectos particulares de su vida y deja de “ser” para fusionarse, confundirse o tal vez perderse, cobrando sentido tan solo a través de la dirección e intensidad del movimiento del grupo. Cabe aclarar que formar parte de las actividades sociales de algún grupo o Institución no implica grupo dependencia; la diferencia fundamental radica en la decisión del propio individuo en participar libremente, cuando desee hacerlo y no forzado por una necesidad psicológica.

En principio, participar es sinónimo de bienestar; el nuevo mundo al que ingresa el individuo en apariencia es feliz porque actúa como analgésico para frenar la realidad circundante. Entonces el sujeto desaparece como tal para convertirse él mismo en objeto; en esta instancia el grupo solucionará mágicamente todo cuanto la fantasía permite imaginar, llenando el vacío al desplazar el yo individual por el grupal en una enajenación observable que, no solo puede acentuar características de personalidad inadecuadas, sino en ocasiones y con el transcurso del tiempo, generar conductas que son producto de la pérdida del vínculo amoroso desplazado.

La unión- dependencia es generada “desde fuera” y “desde dentro”; en una distorsión que permite observar a los demás integrantes del grupo con características especiales que no son reales, depositando en “los otros” cierta inflación psíquica y poderes que permiten sustentar un sentido. Así se origina el “autoengaño”, incorporando conductas y roles que no son propios, dentro de un juego similar al de la seducción, a través del cual todas las conductas resultarían justificadas; entonces se idealiza, se rescribe o alteran las historias, inclusive la personal.

El sujeto se aleja de sus medios vinculares frecuentes, perdiendo interés por otras actividades a pesar de las consecuencias negativas observables, como cambios bruscos de conducta y violencia en el entorno inmediato. La soledad y ausencia de vínculos reales fomentan la angustia de separación – concepto de separatividad de Fromm- y hasta provoca cierta xenofobia hacia el no-integrante, que se caracteriza por la confrontación entre “nosotros” y “los otros”, el distinto, generando discriminación incluso hacia uno mismo; paradoja que dentro del mismo grupo instaura la anulación del “sí mismo” y son “esos otros” quienes marcan las estrategias que generalmente no se corresponden con las personales y por lo tanto ponen en juego el propio sistema de valores, los afectos y fundamentalmente la propia esencia individual. Esto implica redefinir el sentido y la modalidad de participación, dando vida a un modelo de compromiso que desplaza las necesidades subjetivas por las exigencias colectivas. Solo así se logra ser coherente con valores que en ocasiones son diametralmente opuestos a los incorporados en la propia trayectoria de aprendizajes; es un nuevo sistema que provoca pérdida y confusión en un intento de adaptación.

Por ello, este medio que en principio debiera percibirse como desconocido, se siente como propio y se aceptan casi de manera incondicional pautas y códigos que afirman la identificación y la “diferencia” con el afuera. Identificación en ocasiones a modo de “figura paterna” con un padre que nutre y quien se deja nutrir – Zablocki - .

La mayoría de los grupos intentan fortalecer la unión entre sus miembros; “estar junto a” no es suficiente para definir la integración de un individuo porque no hay real conciencia de la relación en común. Se puede tratar de encajar en el estereotipo para ser “aceptado” y esto es absolutamente atractivo por lo simplificador de la realidad, aceptando costumbres, prácticas y opiniones como creencias; por ello un individuo puede dejarse influenciar. Este comportamiento solo se instaura y/o perdura en presencia de ese otro que influencia y si a su vez quien crea la dependencia logra una satisfacción, en esta interacción se produce también la identificación hacia quien influencia y de quien se depende, simplificación distorsionada y rígida que se asume como modelo de orientación en la creencia de poder obtener así la propia identidad - por ello es importante tener conciencia de cuanto creemos.

El sentido de “afiliación” que lleva a la identificación de intereses requiere de una unidad de pensamiento que permite la unión basada en la conformidad a modo de alianza implícita y de la aceptación de cierta verticalidad a través de un comportamiento pasivo de adhesión. La presión unión-dependencia provoca temor y comportamiento de sumisión. El miedo a la separatividad y la necesidad de dependencia entendida como búsqueda de la proximidad de alguna manera alivia pero no satisface; entonces el individuo grupo dependiente concurre al grupo cada vez con más frecuencia a modo de solución parcial a la propia fuga de sí mismo, comprometiéndose cada vez más con quienes el sujeto consideró sería el medio ideal para satisfacer las propias necesidades. Según E.Fromm: “Estar separado significa estar desvalido; ser incapaz de aferrar el mundo afectivamente; significa que el mundo puede invadirme sin que yo pueda reaccionar”. En esta situación la única decisión personal es la de seguir perteneciendo porque el miedo masifica, interioriza y conduce a que el ser humano delegue en otros su capacidad de pensamiento en la renuncia a su autoconocimiento. – Musacchio de Zans -

Cuando la seducción se pierde y deja de ser un juego se torna insoportable ante la frustración; si existiera un sufrimiento personal previo, lejos de encontrar solución dentro del grupo, aumenta. El individuo pierde así la capacidad de discernir y la única decisión personal clara surge de la necesidad de continuar la relación dialéctica con el mundo nuevo y/o creado e idealizado, disfrazando una dependencia que no soluciona sino que enmascara y entorpece.

Bajo esta influencia psicológica y social, observamos comportamientos opuestos y dualidad de conductas: el sujeto grupo dependiente continúa actuando en otras situaciones y roles de su vida como si estuviera siempre en él, es decir que la “actuación” como miembro es continua y trasladada. En ocasiones hasta se llega a asumir conductas dominantes al confrontar con quienes no pertenecen a su mismo grupo o simplemente lo critican.

Los grupos pueden ser ubicados dinámicamente en momentos diferentes de una línea de relaciones humanas; son componente tangible de la sociedad y sus integrantes se mantienen unidos por el sentimiento, la simpatía y la capacidad de participar en los estados afectivos ajenos.

Cuando la pertenencia deriva en dependencia, la confianza en ausencia de crítica, la creatividad personal, la fantasía y el juego entre ellas en estereotipo y repetitividad, el rito en ritual, la relación dialéctica en resistencia al cambio, reduciendo la solidaridad, en una huída de la realidad, hacia el interior del mismo grupo por el miedo al mundo externo, se anula posibilidad alguna de crecimiento y desarrollo personal.

Ser grupo dependiente implica el cierre al mundo externo y una transformación en la forma de sentir, pensar y actuar en un adormecimiento psíquico cuya característica sobresaliente es la incapacidad de vincularse con quien está fuera del grupo, reemplazando probablemente, un sufrimiento por otro.

Todas las áreas de la personalidad se guían entorno a ello; se experimenta debilitamiento y desensibilización que unidas al engaño y autoengaño dificultan la separación.

“Volver a la propia realidad” implica el dolor de la pérdida del sí mismo, el reencuentro con alguien que no es y la falta de elaboración de cuanto debió ser. La culpa, la vergüenza, la dificultad de reinserción, los trastornos del sueño y estados disociativos, son compatibles con aquellas experiencias que no logran ser asimiladas a la memoria, pérdida de situaciones que impide el dolor de encontrarse con “el lado oscuro de la propia humanidad”. Si a esto sumamos que para algunos grupos, según Galanter, el único objetivo es lograr una “fábrica” de potenciales y productos similares, significa que desde su accionar se separan y por lo tanto lo hacen con cada individuo que los integra.

CONCLUSIÓN

Adicción es un hábito de quienes se dejan dominar por y dependencia es una situación de subordinación respecto del que tiene mayor poder o autoridad. –Salvat-.

No hay sustancia, hay dependencia, hay adicción y como consecuencia tal vez trauma post-dependencia.

Dentro de esta realidad distorsionada por la creación de la nueva identidad, se obra como exigen las circunstancias por el dolor de depender y no pertenecer.

¿Cómo evitar el trauma que genera tomar conciencia de la pérdida de la propia identidad al depositar la confianza en un grupo que se supone “protector”, que alimenta y satisface las necesidades psíquicas del individuo que depende de él?. Este es el objetivo del abordaje, cuyo eje es esencialmente pedagógico. La contención y orientación externas permitirán la revinculación para aliviar y/o evitar el malestar de la privación. La búsqueda es lograr un diagnóstico diferencial ante esta nueva problemática social; su estudio y análisis son parte misma del desarrollo de la vida del hombre.

La dimensión de esta problemática aún no tiene límites claramente definidos. En general la justificación ante esta fijación hace referencia a la búsqueda de desarrollo personal que, paradójicamente se ve entorpecido por la atadura a las motivaciones de “los otros”, que no solo postergan las propias sino que además provoca insatisfacción.

Es probable que se relacione con la incapacidad del hombre actual para hacer frente a las dificultades que no son más que parte de la vida misma. Por otro lado nuestra sociedad tiende a ver lo inmediato y además, de esto se espera recompensa. Si bien el origen es social, es un hecho personal adaptado y adaptable a las propias vivencias individuales y siempre hay un objeto adecuado para cada consumidor.

Ser grupo dependiente implica una fuerte adicción sin sustancia pero es una condición circunstancial y temporal que puede ser resuelta con la orientación adecuada. Tomar conciencia de la propia identidad requiere de una múltiple adaptación de estrategias para volver a confiar en sí mismo y en el mundo circundante.

La pertenencia a un grupo no implica presión; la dependencia la instala.

Podríamos utilizar para una mejor descripción otra expresión de Fromm: “¿Cómo puede recordar un hombre preso en esa red de actividades que es hombre?

VII Congreso Internacional de estrés traumático, Buenos Aires, Junio 2007 - SAPSI (Sociedad Argentina de Psicotrauma) - Disertante: Mara Martinoli

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"Himno por la Vida"

Música y letra:
Carlos Andrés Sánchez
(2010)

Estrofa (Sol M)
Tú pensabas que tu vida se acababa, que ahora todo terminaba, que no
estabas preparada…

Pero ahora es el momento, de afrontar el sufrimiento, gritando a los cuatro
vientos: ¡SÍ A LA VIDA!

Estribillo (Himno)
Comenzarás, a vivir una ilusión, y encontrarás, de repente una salida. Y por fin
empiezas a sonreír. Y te llenas de alegría.

Estrofa
No pensaste ya en tu vida, sí en la suya, que él te necesitaría... (música)
No sabías qué venía pero tú ya le querías, tu conciencia te decía: ¡SÍ A LA VIDA!

Estribillo
Comenzará, a brillar un nuevo sol, y surgirá, de la noche un nuevo día. Dices
sí, porque quieres ser feliz. Apuestas por la familia.

Parte intermedia
Empezaste a querer la nueva vida, lo quisiste compartir con los demás.
Encontraste pronto apoyo en CIDEVIDA. ¡Nunca antes has sentido nada igual!

Estribillo
Comenzará, a brillar un nuevo sol, y surgirá, de la noche un nuevo día. Dices
sí, porque quieres ser feliz. Apuestas por la familia.

Estribillo con modulación a la Lab M
Comenzará, a brillar un nuevo sol, y surgirá, de la noche un nuevo día. Y por
fin, sabes que es felicidad, ya dependes de la suya.

Convertirá, tu vida en una canción, su voz será, la más bella melodía, ahora sí,
sientes la felicidad. Cantaremos ¡Aleluya!

Y diremos: ¡SÍ A LA VIDA!

Para escuchar esta linda canción



Fuente: http://www.cidevida.org/
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CREYENTES, PERO NO TANTO

Las “verdades” que se creen, aunque no puedan demostrarse, para quien las cree, son adecuadamente enarboladas como verdaderas; para compensar la incapacidad de hacerlas verdad, el “creyente”, aunque sepa que son “falsas verdades”, para desmitificar inmediatamente lo que sabe que es realmente verdadero, pretenderá a su alrededor comportamientos y decisiones absolutas, concordantes con la creencia y caerá en la violencia. Este es el accionar de toda secta, el que caracteriza a la mirada sectaria, aquella que observará a las auténticas verdades, que jamás recurrirían a imposiciones violentas, como débiles, susceptibles y fáciles de ser debilitadas.

Esta supuesta complejidad que ocultan las sectas, es más simple de cuanto aparenta, porque no son “creencias” sino medios seudo creyentes que, instaurando desamor y desunión, montarán un arma efectiva para la destrucción del hombre, ese que recepciona, que se hace eco, por desorientado y acostumbrado a la incredulidad hacia aquello que reclama y urge por naturaleza. Porque sólo en inconciencia puede la fe violenta, la mala fe, la inauténtica, fruto del miedo a “des-velarse” en libertad de conciencia, ocupar un lugar usurpado a la verdad, desde donde el daño aísla de la realidad para que la verdad no pueda llegar. Si la “creencia sectaria”, tibia y burda creencia que no contiene fe, fuera verdadera no habría reducciones, ni tenencias de inconciencias.

Toda fe, inclusive la laica, se configura en conciencia, con una decisión que no podría ser utilizada si estuviera realmente amalgamada con la auténtica convicción que confirma, esa que no es producto de invasiones sensitivas, aprobaciones definitorias y definitivas que legitiman como bueno o malo según se accione o según indiquen los que imponen “la creencia”.

Si nos detuviéramos a reflexionar sobre este alcance, es probable que en algún momento consideremos que cada movimiento sectario es simultáneamente una oportunidad de refuerzo de la Verdad que, por auténtica, siempre correrá con ventaja. Sólo es necesario desglosar el mensaje y actuar desde su contrario, en conciencia para suplir ausencias y carencias que se diseminan por doquier.

El tiempo demostrará la verdadera diferencia, porque lo que es falso siempre es débil y se debilita ante la Verdad que, incontrovertible e inagotable, prescinde de banales demostraciones y por natura nos pertenece.

Los grupos sectarios marcan la diferencia por intolerantes, “creyendo” que es suya la última e indiscutible frase verdadera. Tal vez debiéramos darnos la oportunidad de estar más tiempo allí, donde la aparente creencia se vuelve indigna, hasta en la duda; creencia, fe y amor son irreductibles e incondicionales, no exigen, entregan.

Mara Martinoli

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"Creyentes...pero no tanto..." - Un cuento de Luis Landriscina:



Cuando se transita en espera

Quienes conocemos parte de la realidad, no sólo sabemos del dolor, nos duele el dolor del otro, ese desgarro que, un diálogo aún sin vía, cada día se transforma en desafío de esperanza. Y sufrimos aún más cuando pareciera no merecer ser escuchado, o cuando no poseemos las soluciones necesarias para derivar el reclamo porque nosotros, nos sensibilizamos.

Cuando un hijo transita por la desolación sectaria los padres desesperan hasta lograr la solución, saben que se puede, logran asesorarse, sentirse comprendidos, amparados, contenidos; podemos orientarlos, sugerirles, proponerles, ayudarlos; solidarizarnos con la situación, compartirla y encaminarla. Pero, ¿qué hacer, qué decir cuando fueron enredados por la manipulación, tan extremadamente sectaria que borra todo rastro? ¿Cómo cuando la decisión excede nuestro alcance y quienes podrían acceder hacen caso omiso de tan dolorosas realidades?

Cuando se hizo referencia a una Ley sobre trata de personas “me apersoné”, previa solicitud y confirmación de entrevista, más trayectoria, al despacho correspondiente del representante que impulsaba la iniciativa, suponiendo que pudo haberse incluido el accionar que nos compete. ¿O acaso no podríamos considerar que las personas sean “tratadas” o “maltratadas” dentro de grupos sectarios? Quizás esta “desaparición-evaporación de personas”, producto de fanáticas y partidarias maniobras, no entienda que el dolor no discrimina entre ideologías, burocracia o politiquería.

Si la solución fuera compartir la ideología del represente de”la idea”, se daría rienda libre a las sugerencias, si no se continuará omitiendo; confirmo entonces que solo hay derechos para quienes la ideología está por encima de todo Derecho; las personas somos más, mucho más que una tendencia, ideología, demostración o imposición; si así nos redujéramos nos conjugaríamos con la desintegración del tejido humano, desgarrando el alma. ¿Hay dolor más profundo? Golpeando puertas de despachos en constante y perseverante búsqueda de Derechos ignorados se puede observar que sería oportuno y necesario que se levantaran de los escritorios para contactarse con esa realidad que reclama, sin olvidar el lugar del otro.

Las familias implicadas sufren ausencias y omisiones, éstas por denuncias e interrogantes sin contestaciones. No son situaciones inventadas, más bien intencionalmente creadas.

Y ante tanto delirio incongruente, la fortaleza se hace más fuerte, no se abandona la esperanza de estrechar el afecto prolongado en la espera, sólo así se podrá creer que la inconmensurable fuerza del amor conducirá el objetivo, avalará la perseverancia y mantendrá vivo el deseo y el rencuentro que llegará; el mejor camino para sobrellevar las ausencias y depositar la confianza en otras manos. Este es el mensaje y fundamento del objetivo último en este accionar, el de de tantos anónimos que suelen decirnos “no sé donde está, pero sé que algún día me buscará”, un llamado que hacemos nuestro, que merece ser escuchado.

Las Fiestas se viven con presencias y ausencias; si no confiáramos, nos inundarían de desaliento, bajaríamos nuestros brazos. Más allá de intentar hacer un balance de cuanto hicimos, omitimos o pudimos haber hecho, nos ponen en contacto con la realidad, para contemplar el verdadero sentido de la vida; son sinónimo de Esperanza, sensibilización de lo insensible y recogimiento en “espera”.

Mara Martinoli

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El poder de la libertad



El hombre es una criatura libre, naturalmente dispuesto a serlo, pero ante la responsabilidad que la libertad implica, pareciera desorientarse, como si quisiera ser aquello que no es, como si quisiera huir de su condición desespera por elecciones que fascinan, inquietan y se pierden en la contradicción del juego; como si intentara librarse hasta del sentido de Dios.

Mientras no se encuentre su significación, mientras se mantenga el desencuentro, el hombre podría ser presa de cualquier movimiento o grupo que le prometiera “vivir libremente su condición”; podría ser víctima del oportunismo de la manipulación, que dominará condicionando y aprisionando el “proyecto hombre libre”, impidiendo encontrar cuanto ya fuera dado.

Actualmente observamos cómo los hombres parecieran más libres y a la vez, más incómodos con su libertad; tan incómodos que transitan por lugares comunes carentes de responsabilidad y empeño. Podríamos entonces afirmar que, en condiciones de desarrollo social considerado normal, el hombre no posee otro recurso que el de su libertad y por lo tanto, es el único responsable de perderla.

La libertad se construye con “sí” y con “no”, un juego que permite constituirse.

La importancia de la elección tiene entonces un carácter trascendental: requiere de actos que garanticen la consolidación y conservación “humanas”, para no empeñar la libertad a través de elecciones contrarias a su sentido que llevarán, paulatinamente al opuesto: la esclavitud. Cuando la libertad se pierde por elección, se pierde la dignidad de los actos naturalmente libres.

Cada libertad entregada alimenta la “libertad de acción” de los grupos sectarios que, fuera de toda opción por el bien, conforman una especie de “sectocracia del capital humano”, un desierto donde nunca tiene cabida la libertad. Incluirse en un grupo sectario es “servir” a quienes generalmente se sirven de lo religioso para esclavizar, disipando la existencia hasta desgarrarla, determinando el límite de cada libertad, un límite cada vez más marcado, tanto, que no conformará solo la pérdida de libertad. El límite natural no se impone desde fuera, lo fijamos libremente nosotros.

El hombre sólo podrá “servir al hombre” retomando el camino humanamente libre, para construir un futuro social que deje entre paréntesis a todo aquel que intente derrumbar este sentido; no a la inversa.

Las seudo religiones y los grupos sectarios no obtienen adhesiones por sí solos, cada hombre, tal vez habituado a una cultura de dependencias, percibe su libertad y decide.

Libertad: Facultad que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. (Diccionario de la Real Academia Española).

Refutamos admitir que las cosas pueden ser vistas en una luz distinta de aquella con la que ven nuestros propios ojos, porque esto nos obligaría a considerarlas y profundizarlas, y esto cuesta cierto esfuerzo, tal vez fatiga. Quien no lo haga, renuncia a vivir y se contenta con vegetar.- Indro Montanelli

Mara Martinoli

Ver: El equilibrio entre obediencia y libertad

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SABIDURÍA SOCIAL PARA ACCIONAR


Es una ardua tarea programar hoy para el futuro. Superados los tiempos en que podía diagramarse una etapa de estudio e investigación previa; las urgencias actuales, la invasión de las más variadas propuestas, el número creciente de todo tipo de adicciones y dependencias; marcan la necesidad de implementar programas abiertos que permitan simultáneamente: abordar, analizar e intervenir atendiendo parte de la multiplicidad de factores que, si se consideraran en forma independiente, caerían en la precariedad.

Es decir que, si intentamos tan sólo determinar consecuencias del accionar de algunos grupos en determinado contexto, perderíamos de vista el objetivo del trabajo: el hombre que padece. Si nos ocupamos exclusivamente en conocer cuántos y cómo son los grupos, no accionaríamos para restituir al individuo su más preciado bien: los afectos.

Por otro lado, cuando sepamos qué grupos actúan en determinada región, cuales podrían considerarse perjudiciales (por dependencia inducida), ya estaremos desactualizados; porque los grupos proliferan, cambian de denominación, de caras, de lugares de encuentro, de fundamentos. Es decir que la etapa de investigación previa no acabaría. Por ello todo accionar se implementa simultáneamente; toda instrumentación resultará ineficiente si en el campo de acción no nos permitimos reducir o impedir la dependencia a grupos pseudo religiosos, filosóficos, sectas, etc. Perderíamos tiempo valioso y las problemáticas aumentarían más allá de toda previsión.

Las alteraciones conductuales de los individuos grupo dependientes que, retoman con el tiempo su cotidianeidad, no siempre lo hacen porque encontraron explicaciones.

Si los recursos son escasos (y lamentablemente en el área social siempre lo son) entonces debemos emplear la infraestructura existente para accionar, para hacer prevención del riesgo, abordando la problemática en principio, desde el campo de las adicciones, redimensionando el área desde un concepto más amplio; con responsabilidad, prudencia y conocimiento para estar presentes desde el momento en que surgen las problemáticas. Entonces la intervención se legitima por sí misma.

No debemos fragmentar con visiones sectoriales, sino más bien integrar conocimientos, porque la dimensión de la problemática incluye directamente al hombre como unidad integrada e integradora.

Si comenzáramos a indagar asociaciones sospechando que detrás podría haber algún grupo de riesgo, dejaríamos de actuar en libertad. Y quienes intenten luchar contra ellos actuarían igual. Por otro lado, si se instalara en una región un observatorio a modo de Parlamento interreligioso se observarían las conductas de otras creencias no representadas en él ¿Y quién podría arrojar la primera piedra?

Toda vez que una acción se inicia a modo de lucha, la posibilidad real de acción se distorsiona; no se trata de luchar sino de respetar los legítimos derechos del hombre.

Para que las intervenciones no caigan en el vacío, se hace necesaria una redefinición de los nuevos actores, teniendo en cuenta que cada ciudadano es el mejor exponente de las necesidades sociales.

Sabemos de antemano que, toda previsión en el campo de la conducta humana se caracteriza por su limitación; también sabemos que el poder de transformación de la realidad exige intervenciones precisas.

La función del Estado es brindar las herramientas necesarias para revertir el deterioro social que lleva a muchos ciudadanos a refugiarse en el mundo de las dependencias, dentro del marco de un ambicioso proyecto que no enfrente sino que integre.

Se permitiría a sí mismo accionar con sabiduría social desde la percepción de la problemática, la prudencia para respetar la diferencia y la visión del verdadero valor de la vida; el compromiso directo con quienes intentan huir de su realidad también es búsqueda del bien común.

La dependencia grupal ya es una realidad, poco conocida, pero instaurada. Y nuestro futuro social, también depende de las dependencias individuales.

Mara Martinoli
(Para ver imagen de Buenos Aires nocturno en gran formato, picar sobre ella)

Ver también: La dialéctica entre lo público y lo privado

El grito que debemos ensamblar (¿por qué el Estado no da su apoyo?)

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PREGUNTAS SOBRE GRUPO DEPENDENCIA

Algunas preguntas frecuentes:

1 - ¿Se puede ser dependiente a un grupo y ser dependiente a sustancias al mismo tiempo?

Por supuesto, estaríamos frente a una polidependencia.

2- ¿Cuanto tiempo pasa para que una persona se vuelva dependiente a un grupo?

Depende de las características individuales y de las características del grupo; por ello hacemos siempre referencia a dependencia creada y dependencia inducida.

3- ¿Por qué genera conflictos la grupo dependencia?

Porque el sujeto que crea la dependencia gira su vida entorno a ella y el resto del mundo es visto como “enemigo”.

4- ¿Un niño pequeño puede ser dependiente?

Lo será si sus padres son dependientes también.

5- Un sujeto adicto a sustancias se reúne con su grupo terapéutico; una vez superada su adicción ¿Ese grupo puede generarle dependencia?

Los terapeutas que coordinan ese tipo de grupos saben bien cómo evitar la dependencia, es más son responsables de brindar las herramientas necesarias para la reinserción social.

6- ¿Ser TOC – trastorno obsesivo compulsivo – es lo mismo que ser grupo dependiente?

El trastorno obsesivo se caracteriza por la compulsión y repetición de conductas; si bien este podría ser un punto en común con la dependencia grupal, el primero es un trastorno psiquiátrico; el segundo es una adicción y por lo tanto el enfoque es diferente.

7 – Las reuniones semanales con grupos de amigos ¿Son dañinas?

Los amigos nunca pueden ser dañinos; si lo fueran dejarían de serlo. Recordemos que el sujeto grupo dependiente deja a sus amigos para ingresar a otro círculo.

8 – Mi hijo viste siempre de negro ¿Es una tendencia?

Podría serlo, pero si viste siempre de negro, se reúne con otrosjóvenes que también visten igual, frecuentan los mismo sitios, utilizan el mismo lenguaje y se identifica con figuras que lo inspiran, lo observaría para descartar que esté integrando alguna tribu urbana o algún otro grupo y por supuesto me acercaría más a él para dialogar y acompañar su educación y elección de vida.

9 - ¿Cómo me doy cuenta si soy grupo dependiente?

Si lo fueras, no estarías formulando la pregunta; la persona grupo dependiente no es conSciente de su dependencia hasta que el entorno lo orienta.

10 -¿Los encuentros filosóficos pueden crear dependencia?

Depende qué tipo de encuentros; algunos grupos que podríamos considerar sectarios, sí pueden generar dependencia: gnósticos, de control mental, interpretación de sueños, entre otros.

11 -¿Los síntomas son similares a los que consumen?

Como hemos visto en el ejemplo, en ocasiones los familiares y amigos piensan que el sujeto está consumiendo alguna sustancia y en realidad está consumiendo la toxicidad del grupo.

12 -¿Se podría relacionar esta problemática con las creencias religiosas?

Tiene una muy estrecha relación ya que se observan muchos casos de dependencia a grupos religiosos o pseudo religiosos.

13 -¿Cual es la diferencia entre dependencia tóxica y dependencia sin sustancias?

Muy buena pregunta, porque las dos son tóxicas para el individuo; cuando hay sustancia y cuando no la hay y el grupo actúa como sustancia. En ambas el individuo genera una adicción.

14 -¿Hay alguna edad que predisponga a ser grupo dependiente?

Podríamos considerar que el adolescente, por la etapa que atraviesa estaría más predispuesto; pero la realidad nos muestra que incluso en las últimas etapas de la vida un individuo puede generar dependencia a un grupo.

15 -¿Puede enloquecer el dependiente a grupos?

Dependen de qué consideremos “enloquecer”; si observamos las conductas de un sujeto grupo dependiente en ocasiones podríamos considerar que perdió el juicio (muchos papás piensan que sus hijos se volvieron locos); por otro lado si un individuo tiene una historia de vida conflictiva y no recibe contención ni orientación ante su dependencia puede llegar a la disociación.

16 -¿Los psiquiatras están al tanto de esta problemática?

En general no; por ello es importante insistir en que debe ser considerado tema de salud.

17 -¿Cuando el dependiente es menor puede intervenir la Justicia?

Siempre que un menor esté en riesgo o sus derechos se vean vulnerados debe intervenir la Justicia.

18 -¿Siempre existió la grupo dependencia?

No podría contestar esa pregunta; sí puedo afirmar que en estos últimos años muchos tomamos conciencia del daño que produce.

19 -¿El hombre o la mujer tiene más predisposición a la grupo dependencia?

Es indistinto, reitero que siempre depende de la trayectoria e historia personal.

20 -¿Qué tiene que ver la situación anímica de uno con esta dependencia?

En ocasiones, cuando una persona está desorientada, deprimida o pierde los objetivos de su vida, huye de la realidad generando la dependencia.

21 -¿Qué actividades pueden crear dependencia?

No hay actividades que por sí solas generen dependencia a grupos, sí actividades organizadas dentro de un grupo que logren seducir a un individuo.

22 -¿Donde puedo acudir ante esta circunstancia?

No hay organismos oficiales que brinden asesoramiento ante esta problemática. Es importante destacar que es uno de nuestros objetivos.

23 -¿Estar en estado de alerta previene?

Si somos padres, de alguna manera siempre debemos estar en alerta con nuestros hijos, y no sólo en este área; si somos docentes, también porque la educación no puede reducirse tan solo a la transmisión de conocimientos. En realidad nos previene siempre estar informados.

24 -¿Debo temer a este padecimiento?

No se trata de temer sino de saber y conocer.

25 -¿Por qué la APG?

Porque la APG intenta humildemente cubrir un bache que otros no cubren.

Mara Martinoli

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