ASESORÍA
La Plata
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Provincia de Buenos Aires

martes 9 de febrero de 2010

Creencias banales depositadas en vano

"Creer" siempre es una decisión personal, privada, simbólica y representativa, pero la responsabilidad de delimitar el campo de la libre creencia es pública, por lo tanto nos compete debatir sobre la diversidad, la aceptación o la impugnación de creencias banales. Lejos de posturas en contra o a favor, esto implica cuestionamientos esenciales, ineludibles y de fondo que permitan concentrarnos en una sana confrontación, donde cada uno se observe en la imagen del otro para identificar a los grupos que, bajo el escudo de la creencia, se autorizan a sí mismos para un todo vale, todo sigue, aunque nada quede.

Si no nos promovemos socialmente abriendo el debate para proseguir nuestro rol, la imagen del medio seudo creyente continuará emergiendo para desvalorizar la creencia en desvaríos, en expropiación, invasión, oportunismo, aprehensión, justificación, mediación oportunista y conveniencia, planeando, programando y digitando depósitos en vano para promover la exclusión. Una usurpación del dolor del mundo que sigue girando mientras las conciencias continúan aquietándose.

Pero antes de reflexionar hay que tener en claro dónde estamos, para que cada aporte, lejos de ser material, se materialice en un camino de esperanza y humanidad. Somos lo que hacemos y si hacemos, dejando de mirar hacia otro lado cuando la realidad que conocemos impide nuestra peregrinación humana, articularemos objetivos y nuevas ideas para retomar posiciones.

¿La dependencia a estos seudo grupos nos muestra una confusión personal o es reflejo de una sociedad desarticulada, devaluada, depreciada y desvalorizada?

Aprendamos a observar con responsabilidad la dignidad derrochada en el tiempo, sólo así cada pieza del engranaje simplemente se moverá. No se trata de compasión ante dolor, ni de una ayuda humanitaria más, es instauración de un espejo de comprensión, escuchando el reclamo en tristeza de comunidades que olvidaron sus significados; entonces seremos.

¿Cómo huir de tanta oferta si no se abren otras puertas? Si desde fuera nos empeñáramos un tercio de lo que demandan las sectas, nos manifestaríamos sin que nadie corriera detrás nuestro presionando con permutas y depósitos en vano, elevado costo que aumentará la soledad del mañana.

En cada sujeto sufriente comprendo la inquietud de auto compadecerse ante tanta humillación gestada, condición que empuja a creer donde fuere, no importa cómo o a qué precio, y que anima una aproximación a la fe que, lejos de ser real, persuade desde lo hipócritamente prometido. Si no discutimos estos símbolos de vacío afectivo, de desidia amorosa o soledad social, significará que ni si quiera nos acercamos al sentido, adhiriendo a cualquier otro contrasentido, y nadie quiere sufrir solo. Hace años un profesor me dijo: “Si sueña un hombre solo, es solo un sueño; si soñamos muchos, se creará una nueva realidad”.

Mara Martinoli

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Creencia y Fe

lunes 8 de febrero de 2010

Niños educados en comunidades cerradas: la perturbación del desarrollo

La vida del niño se basa en los criterios éticos y de “normalidad” que sustente la comunidad adulta que conforma su ambiente. Si crece en comunidades cerradas acentuará rasgos que debieran desaparecer naturalmente en las sucesivas etapas evolutivas de su desarrollo. La educación grupal en estas comunidades puede producir una forma primitiva de orden social, un tipo elemental de justicia y de moralidad en el que el poder se antepone al derecho; en ellas el individuo aprende a adaptarse a un número limitado de restricciones, que obviamente son las que se consideren en la misma comunidad.

Sabemos bien que todo individuo trae consigo tendencias instintivas, que son innatas y por lo tanto parte de la naturaleza humana; también sabemos que sus modificaciones se producen según las influencias ambientales durante los primeros años de vida. Las relaciones con nuestros semejantes dependen en gran parte de esas primeras experiencias de niñez, determinando afectos, adhesiones o enemistades. Un niño bajo esta presión niega sus tendencias naturales y las proyecta hacia otras personas a las que se critica , se teme y se odia como si se tratara de un agresor o un enemigo; proyección que se traslada continuamente hacia otras figuras del ambiente que continuarán siendo fuente de tensión en él.

Si acentuamos el desplazamiento de sentimientos agresivos (naturales hacia los progenitores en las primeras etapas de la vida) exclusivamente hacia “quien está fuera” y lo alimentamos, la proyección futura de la agresión se instaurará hacia quienes no pertenecen a su misma comunidad. Una vez fijadas estas actitudes (desconfianza y hostilidad) no es sencillo cambiarlas, porque pasan a ser parte de la estructura de su personalidad (y permanecen aunque el individuo se desarrolle en otros aspectos). Y al contrario es justamente el momento en que más debe influirse sobre ellas para que cuando adultos, eviten la hostilidad entre individuos o grupos de individuos diferentes.

El niño se hace demasiado crítico con todos los “extraños” e hipersensible hacia aquellas “cualidades desagradables” que pudiesen tener; responde con violencia a la diferencia (que considera un ataque) y su hostilidad hacia ella crece, porque su conducta social permanecerá “infantil”. Y el resultado de esta socialización será la imposibilidad de relacionarse más allá de los límites de la propia comunidad. Esta “conducta social” es producto de la dependencia natural del niño hacia sus progenitores (que a su vez pueden ser dependientes) porque aprende de ellos y los deseos de sus progenitores se asumen como propios.

Más adelante, sublimará también intereses y su instrucción se direccionará a la lectura de libros y materiales que tengan significación específica sobre “la vida en la comunidad” (algunos hasta pueden llegar a convertirse en expertos). Este “aumento de conocimiento” disminuye la capacidad de un real desarrollo y crecimiento personal por verse circunscrito tan solo a un área de su personalidad (solo en parte podrán utilizar todo el potencial que cargan entre sus manos).

En síntesis, quienes en esas etapas son responsables de los cambios de conducta, estarán reforzando consecuencias profundas en la formación de la personalidad de estos niños, porque se verán marcados por la división entre cuanto delimita la comunidad, cuanto han vivido naturalmente en su interior y aquello que debieron haber decidido libremente.

En las comunidades cerradas se logra un ámbito “pacífico” gracias a la intolerancia y rechazo a los extraños; la fuerza directiva no es tan solo de los progenitores, es de la comunidad como tal, y la directiva más importante es diferenciarlo del mundo externo, para “protegerlo” y evitar el dolor que aquellas experiencias podrían provocarle, como si ese mundo pudiera ser excluido de su propio desarrollo. Tal vez impulsados por la mejor intención, esperan defender a los niños de las insuficientes instrumentaciones que en la actualidad intentan afrontar la condición deshumana de millones de niños que mueren en el abandono.

Pero no podemos obviar que un individuo crece y se desarrolla a través de la educación de la subjetividad en continua relación con el mundo y en acuerdo con criterios dirigidos a la autorrealización para su futura participación social, y adquirir así la capacidad de discernir y elegir libremente el mundo con el cual se relacionará. También es oportuno recordar que los grupos de seres humanos desarrollan espontáneamente normas de conducta que son aceptadas y observadas por cada miembro, de manera individual, por el mismo funcionamiento del grupo y su libertad de acción.

La educación en comunidades cerradas es una forma de cambiar cuanto está implícito en la infancia: recreación y creación por actividades impuestas, y tiempo libre por tiempo obligatorio. Si el comportamiento del niño se inspira en lo cotidiano y su cotidianeidad se reduce al mismo contexto de la comunidad ¿Cómo anticipar su futuro social? Porque siempre hay un después, el niño adulto.

Fuente: Info-RIES nº 127: Mara Martinoli, experta argentina que desde el mundo de la educación se acerca al fenómeno sectario, aborda las modificaciones de conducta que pueden darse en menores educados en comunidades cerradas. Publicado por Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas
Entrada original 13 de abril-2009

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Cuando se transita en espera

Quienes conocemos parte de la realidad, no sólo sabemos del dolor, nos duele el dolor del otro, ese desgarro que, un diálogo aún sin vía, cada día se transforma en desafío de esperanza. Y sufrimos aún más cuando pareciera no merecer ser escuchado, o cuando no poseemos las soluciones necesarias para derivar el reclamo porque nosotros, nos sensibilizamos.

Cuando un hijo transita por la desolación sectaria los padres desesperan hasta lograr la solución, saben que se puede, logran asesorarse, sentirse comprendidos, amparados, contenidos; podemos orientarlos, sugerirles, proponerles, ayudarlos; solidarizarnos con la situación, compartirla y encaminarla. Pero, ¿qué hacer, qué decir cuando fueron enredados por la manipulación, tan extremadamente sectaria que borra todo rastro? ¿Cómo cuando la decisión excede nuestro alcance y quienes podrían acceder hacen caso omiso de tan dolorosas realidades?

Cuando se hizo referencia a una Ley sobre trata de personas “me apersoné”, previa solicitud y confirmación de entrevista, más trayectoria, al despacho correspondiente del representante que impulsaba la iniciativa, suponiendo que pudo haberse incluido el accionar que nos compete. ¿O acaso no podríamos considerar que las personas sean “tratadas” o “maltratadas” dentro de grupos sectarios? Quizás esta “desaparición-evaporación de personas”, producto de fanáticas y partidarias maniobras, no entienda que el dolor no discrimina entre ideologías, burocracia o politiquería.

Si la solución fuera compartir la ideología del represente de”la idea”, se daría rienda libre a las sugerencias, si no se continuará omitiendo; confirmo entonces que solo hay derechos para quienes la ideología está por encima de todo Derecho; las personas somos más, mucho más que una tendencia, ideología, demostración o imposición; si así nos redujéramos nos conjugaríamos con la desintegración del tejido humano, desgarrando el alma. ¿Hay dolor más profundo? Golpeando puertas de despachos en constante y perseverante búsqueda de Derechos ignorados se puede observar que sería oportuno y necesario que se levantaran de los escritorios para contactarse con esa realidad que reclama, sin olvidar el lugar del otro.

Las familias implicadas sufren ausencias y omisiones, éstas por denuncias e interrogantes sin contestaciones. No son situaciones inventadas, más bien intencionalmente creadas.

Y ante tanto delirio incongruente, la fortaleza se hace más fuerte, no se abandona la esperanza de estrechar el afecto prolongado en la espera, sólo así se podrá creer que la inconmensurable fuerza del amor conducirá el objetivo, avalará la perseverancia y mantendrá vivo el deseo y el rencuentro que llegará; el mejor camino para sobrellevar las ausencias y depositar la confianza en otras manos. Este es el mensaje y fundamento del objetivo último en este accionar, el de de tantos anónimos que suelen decirnos “no sé donde está, pero sé que algún día me buscará”, un llamado que hacemos nuestro, que merece ser escuchado.

Las Fiestas se viven con presencias y ausencias; si no confiáramos, nos inundarían de desaliento, bajaríamos nuestros brazos. Más allá de intentar hacer un balance de cuanto hicimos, omitimos o pudimos haber hecho, nos ponen en contacto con la realidad, para contemplar el verdadero sentido de la vida; son sinónimo de Esperanza, sensibilización de lo insensible y recogimiento en “espera”.

Mara Martinoli

El poder de la libertad



El hombre es una criatura libre, naturalmente dispuesto a serlo, pero ante la responsabilidad que la libertad implica, pareciera desorientarse, como si quisiera ser aquello que no es, como si quisiera huir de su condición desespera por elecciones que fascinan, inquietan y se pierden en la contradicción del juego; como si intentara librarse hasta del sentido de Dios.

Mientras no se encuentre su significación, mientras se mantenga el desencuentro, el hombre podría ser presa de cualquier movimiento o grupo que le prometiera “vivir libremente su condición”; podría ser víctima del oportunismo de la manipulación, que dominará condicionando y aprisionando el “proyecto hombre libre”, impidiendo encontrar cuanto ya fuera dado.

Actualmente observamos cómo los hombres parecieran más libres y a la vez, más incómodos con su libertad; tan incómodos que transitan por lugares comunes carentes de responsabilidad y empeño. Podríamos entonces afirmar que, en condiciones de desarrollo social considerado normal, el hombre no posee otro recurso que el de su libertad y por lo tanto, es el único responsable de perderla.

La libertad se construye con “sí” y con “no”, un juego que permite constituirse.

La importancia de la elección tiene entonces un carácter trascendental: requiere de actos que garanticen la consolidación y conservación “humanas”, para no empeñar la libertad a través de elecciones contrarias a su sentido que llevarán, paulatinamente al opuesto: la esclavitud. Cuando la libertad se pierde por elección, se pierde la dignidad de los actos naturalmente libres.

Cada libertad entregada alimenta la “libertad de acción” de los grupos sectarios que, fuera de toda opción por el bien, conforman una especie de “sectocracia del capital humano”, un desierto donde nunca tiene cabida la libertad. Incluirse en un grupo sectario es “servir” a quienes generalmente se sirven de lo religioso para esclavizar, disipando la existencia hasta desgarrarla, determinando el límite de cada libertad, un límite cada vez más marcado, tanto, que no conformará solo la pérdida de libertad. El límite natural no se impone desde fuera, lo fijamos libremente nosotros.

El hombre sólo podrá “servir al hombre” retomando el camino humanamente libre, para construir un futuro social que deje entre paréntesis a todo aquel que intente derrumbar este sentido; no a la inversa.

Las seudo religiones y los grupos sectarios no obtienen adhesiones por sí solos, cada hombre, tal vez habituado a una cultura de dependencias, percibe su libertad y decide.

Libertad: Facultad que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. (Diccionario de la Real Academia Española).

Refutamos admitir que las cosas pueden ser vistas en una luz distinta de aquella con la que ven nuestros propios ojos, porque esto nos obligaría a considerarlas y profundizarlas, y esto cuesta cierto esfuerzo, tal vez fatiga. Quien no lo haga, renuncia a vivir y se contenta con vegetar.- Indro Montanelli

Mara Martinoli

Ver: El equilibrio entre obediencia y libertad

SABIDURÍA SOCIAL PARA ACCIONAR


Es una ardua tarea programar hoy para el futuro. Superados los tiempos en que podía diagramarse una etapa de estudio e investigación previa; las urgencias actuales, la invasión de las más variadas propuestas, el número creciente de todo tipo de adicciones y dependencias; marcan la necesidad de implementar programas abiertos que permitan simultáneamente: abordar, analizar e intervenir atendiendo parte de la multiplicidad de factores que, si se consideraran en forma independiente, caerían en la precariedad.

Es decir que, si intentamos tan sólo determinar consecuencias del accionar de algunos grupos en determinado contexto, perderíamos de vista el objetivo del trabajo: el hombre que padece. Si nos ocupamos exclusivamente en conocer cuántos y cómo son los grupos, no accionaríamos para restituir al individuo su más preciado bien: los afectos.

Por otro lado, cuando sepamos qué grupos actúan en determinada región, cuales podrían considerarse perjudiciales (por dependencia inducida), ya estaremos desactualizados; porque los grupos proliferan, cambian de denominación, de caras, de lugares de encuentro, de fundamentos. Es decir que la etapa de investigación previa no acabaría. Por ello todo accionar se implementa simultáneamente; toda instrumentación resultará ineficiente si en el campo de acción no nos permitimos reducir o impedir la dependencia a grupos pseudo religiosos, filosóficos, sectas, etc. Perderíamos tiempo valioso y las problemáticas aumentarían más allá de toda previsión.

Las alteraciones conductuales de los individuos grupo dependientes que, retoman con el tiempo su cotidianeidad, no siempre lo hacen porque encontraron explicaciones.

Si los recursos son escasos (y lamentablemente en el área social siempre lo son) entonces debemos emplear la infraestructura existente para accionar, para hacer prevención del riesgo, abordando la problemática en principio, desde el campo de las adicciones, redimensionando el área desde un concepto más amplio; con responsabilidad, prudencia y conocimiento para estar presentes desde el momento en que surgen las problemáticas. Entonces la intervención se legitima por sí misma.

No debemos fragmentar con visiones sectoriales, sino más bien integrar conocimientos, porque la dimensión de la problemática incluye directamente al hombre como unidad integrada e integradora.

Si comenzáramos a indagar asociaciones sospechando que detrás podría haber algún grupo de riesgo, dejaríamos de actuar en libertad. Y quienes intenten luchar contra ellos actuarían igual. Por otro lado, si se instalara en una región un observatorio a modo de Parlamento interreligioso se observarían las conductas de otras creencias no representadas en él ¿Y quién podría arrojar la primera piedra?

Toda vez que una acción se inicia a modo de lucha, la posibilidad real de acción se distorsiona; no se trata de luchar sino de respetar los legítimos derechos del hombre.

Para que las intervenciones no caigan en el vacío, se hace necesaria una redefinición de los nuevos actores, teniendo en cuenta que cada ciudadano es el mejor exponente de las necesidades sociales.

Sabemos de antemano que, toda previsión en el campo de la conducta humana se caracteriza por su limitación; también sabemos que el poder de transformación de la realidad exige intervenciones precisas.

La función del Estado es brindar las herramientas necesarias para revertir el deterioro social que lleva a muchos ciudadanos a refugiarse en el mundo de las dependencias, dentro del marco de un ambicioso proyecto que no enfrente sino que integre.

Se permitiría a sí mismo accionar con sabiduría social desde la percepción de la problemática, la prudencia para respetar la diferencia y la visión del verdadero valor de la vida; el compromiso directo con quienes intentan huir de su realidad también es búsqueda del bien común.

La dependencia grupal ya es una realidad, poco conocida, pero instaurada. Y nuestro futuro social, también depende de las dependencias individuales.

Mara Martinoli

(Para ver imagen de Buenos Aires nocturno en gran formato, picar sobre ella)

Ver también: La dialéctica entre lo público y lo privado

El grito que debemos ensamblar (¿por qué el Estado no da su apoyo?)

PREGUNTAS SOBRE GRUPO DEPENDENCIA