"Creer" siempre es una decisión personal, privada, simbólica y representativa, pero la responsabilidad de delimitar el campo de la libre creencia es pública, por lo tanto nos compete debatir sobre la diversidad, la aceptación o la impugnación de creencias banales. Lejos de posturas en contra o a favor, esto implica cuestionamientos esenciales, ineludibles y de fondo que permitan concentrarnos en una sana confrontación, donde cada uno se observe en la imagen del otro para identificar a los grupos que, bajo el escudo de la creencia, se autorizan a sí mismos para un todo vale, todo sigue, aunque nada quede. Si no nos promovemos socialmente abriendo el debate para proseguir nuestro rol, la imagen del medio seudo creyente continuará emergiendo para desvalorizar la creencia en desvaríos, en expropiación, invasión, oportunismo, aprehensión, justificación, mediación oportunista y conveniencia, planeando, programando y digitando depósitos en vano para promover la exclusión. Una usurpación del dolor del mundo que sigue girando mientras las conciencias continúan aquietándose.
Pero antes de reflexionar hay que tener en claro dónde estamos, para que cada aporte, lejos de ser material, se materialice en un camino de esperanza y humanidad. Somos lo que hacemos y si hacemos, dejando de mirar hacia otro lado cuando la realidad que conocemos impide nuestra peregrinación humana, articularemos objetivos y nuevas ideas para retomar posiciones.
¿La dependencia a estos seudo grupos nos muestra una confusión personal o es reflejo de una sociedad desarticulada, devaluada, depreciada y desvalorizada?
Aprendamos a observar con responsabilidad la dignidad derrochada en el tiempo, sólo así cada pieza del engranaje simplemente se moverá. No se trata de compasión ante dolor, ni de una ayuda humanitaria más, es instauración de un espejo de comprensión, escuchando el reclamo en tristeza de comunidades que olvidaron sus significados; entonces seremos.
¿Cómo huir de tanta oferta si no se abren otras puertas? Si desde fuera nos empeñáramos un tercio de lo que demandan las sectas, nos manifestaríamos sin que nadie corriera detrás nuestro presionando con permutas y depósitos en vano, elevado costo que aumentará la soledad del mañana.
En cada sujeto sufriente comprendo la inquietud de auto compadecerse ante tanta humillación gestada, condición que empuja a creer donde fuere, no importa cómo o a qué precio, y que anima una aproximación a la fe que, lejos de ser real, persuade desde lo hipócritamente prometido. Si no discutimos estos símbolos de vacío afectivo, de desidia amorosa o soledad social, significará que ni si quiera nos acercamos al sentido, adhiriendo a cualquier otro contrasentido, y nadie quiere sufrir solo. Hace años un profesor me dijo: “Si sueña un hombre solo, es solo un sueño; si soñamos muchos, se creará una nueva realidad”.
Mara Martinoli
Artículos relacionados:
Creencia y Fe