
El término “psicópata” no siempre es preciso; a menudo se emplea más por su carácter peyorativo como juicio para calificar a una persona porque, según L. Kanner, un psicópata es una persona que no se quiere.
Podríamos intentar acercarnos al concepto a través de las características compartidas por diferentes autores. Esto resultará útil para que cada uno llegue a sus propias conclusiones, sin olvidar que tal vez, esas características se presenten en los ámbitos en los cuales usualmente nos desenvolvemos.
Los psicópatas son individuos insensibles, de sentimientos y relaciones superficiales, inafectivos hacia los demás; por ello no son capaces de establecer lazos sólidos, no saben cómo identificarse con otro o compartir su punto de vista. Sombríos, fríos, duros y hasta brutales en su comportamiento social, controlan mal sus emociones y estados tensionales; no soportan las frustraciones. Casi enteramente centrados en sí mismos, egocéntricos (incapaces de interesarse por otros), a menudo muestran una falta total de interés en situaciones que comúnmente provocarían una respuesta emocional.
Sin compasión, pudor, honor o arrepentimiento, carecen de un modelo de autocrítica. Parecen no tener normas internalizadas de los justo o lo injusto (no distinguen la diferencia), no sienten culpa ni vergüenza. No pueden admitir la justicia de la aprobación o del castigo (no reaccionan frente a él), implicaría una evaluación de su comportamiento desde el punto de vista de la sociedad (de los demás en general). Esto explicaría el “equilibrio” demostrado en situaciones en las que otro individuo podría perderlo.
Todo conduce a la inadaptación general de la conducta, actos incompatibles con el bien de la sociedad.
Algunos autores sostienen que la insensibilidad de la psicopatía es una “reacción” de una angustia permanente. ¿Justificación o victimización de quien neutraliza la angustia provocando sufrimiento en los demás?
Para Cooley, los psicópatas jamás experimentarán relaciones de grupo primario porque nunca han desarrollado una “naturaleza humana” real.
Podríamos agregar que un psicópata es alguien que tiene conductas que no nos gusta tener; paradójicamente para algunos es alguien a quien admirar, y en lo posible imitar.
¿Qué hace observar al líder psicópata como una personalidad superior? Tal vez la aridez psico-espiritual descubierta por “la psicopatía” porque en esa estructura, las habilidades intelectuales siempre permanecen intactas.
Quienes acepten la conducción de esta “disociación social”, permitirán la reducción de su persona a una pertenencia, encerrándose (dentro de la dependencia) en una relación “propietario-objeto”, otro bien material del líder, la nada dentro de la irrealidad, la dicotomía. Esta dependencia, vivida de manera similar a una ficción, siempre supera la realidad.
¿Cómo podría un psicópata, incoherente con su naturaleza humana, incapaz de distinguir entre el bien y el mal, inferir algo en quien lo sigue?
¿Los líderes sectarios son más o menos psicópatas, o representan a una sociedad ya cuasi psicopática?
Intentando despejar el significado del término no se disipa la discusión sobre la caracterización de los líderes sectarios. El centro de todo planteo se basaría en la “reacción antisocial” que caracteriza a toda personalidad psicopática. Tal vez debamos abrir más el abanico de las ciencias que estudian al hombre e incluir un apartado especial dedicado exclusivamente a los líderes sectarios.
No podríamos incluir a todos los líderes sectarios dentro de la categoría; pero sí observar que estas características se nos presentan a diario, sobre todo si hacemos hincapié en los códigos que se distorsionan, en la imposibilidad de una relación interpersonal, en la disociación social producto del valor impuesto, en la descripción del problema de identidad con la alteridad.
Frente a una psicopatía, estamos frente a un problema de salud y sabemos que la salud es un bien provisorio; quienes la poseen olvidan que pueden llegar a ocupar el lugar de quien la perdió, el lugar de un enfermo. Los líderes sectarios psicópatas o psicopáticos, no podrían enfermarse más, pero siempre enferman.
“Cuando se dice que todo mal es limitación, lo que se quiere decir es que el mal no consiste nunca en la existencia de algo que puede ser llamado “malo”, sino solamente en la inexistencia de algo” – Bertrand Russell.
Si los modelos ofrecidos son adoptados será porque las interacciones perdieron su cauce. Afortunadamente toda etapa es sinónimo de evolución; mientras dure, es aprendizaje para regular un contexto social predecible.
Info-RIES nº 148
Mara Martinoli
1 comentario:
¡Muy bueno!
Juan
AIS Cono Sur
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