
Es un confuso conjunto de manifestaciones centradas en un personaje reconocido como sacerdote-sanador, la persona elegida desde “lo alto” con poderes sobrenaturales que intermedia entre los seres humanos y la divinidad.
Cuando el futuro chamán recibe el “llamado” afronta un largo período iniciático que terminará cuando alcance la conciencia de la cuarta dimensión, perdida por la humanidad en el origen de los tiempos, es decir cuando aprenda a trascender la condición humana de la existencia. Sólo entonces será “místico” y experimentará una relación inmediata con una realidad radicalmente diferente a la mundana y profana.
En la literatura occidental el término chamán es bastante reciente, el primer testimonio escrito del término data del siglo XVIII. Los cosacos rusos en servicio en Siberia transcribieron saman según la fonética rusa como sciaman, “el que está transportado”, significación empleada por la población de Tungusi y expresión considerada como la más característica.
El chamán se provee de implementos especiales para entrar “en trance” durante la ceremonia esencia del misticismo chamánico por la cual alcanzará una visión que separa temporalmente el cuerpo de su alma, iniciando el “viaje al cielo”, la vía de comunicación entre los distintos mundos, un recorrido que le proveerá la curación, la conquista de la divinización y la reducción de los espíritus del mal; viajes tan difíciles que tan solo los “grandes iniciados” podrán afrontarlos. El empleo de brebajes especiales facilita el trance. La composición de estos era considerada como el “misterio de todos los misterios” al que muy pocos accedían. Se preparaban con jugo de amanita muscaria, un hongo venenoso que produce muscarina y muscimol.
“El gran mar me puso en movimiento, me empujó a la deriva, moviéndome como la hierba se mueve en el río. La imagen del cielo y la potencia de las tempestades agitaron mi espíritu. Temblando, todavía estoy siendo transportado” – Descripción de un chamán esquimal.
En la actualidad se valen de diferentes sustancias que pueden obtenerse en los medios que habitan, porque lo más importantes es la rapidez de sus efectos en el organismo. Esta práctica más reciente se correspondería con la fase decadente del chamanismo.
Donde lo encontremos, Asia, Australia, África o América, actuarán de la misma manera para custodiar el equilibrio psíquico y ecológico de un grupo humano, como intermediarios con el “otro mundo”, amos y patrones de los espíritus.
Durante milenios la humanidad utilizó agentes alucinógenos para alcanzar estados de conciencia alterados, agentes que luego sustituyó por técnicas psicológicas, y que actualmente en muchas seudo creencias (no necesariamente chamánicas) se combinan ambas ya que no podrían sostenerse con sólidos principios morales.
Y los chamanes urbanos de hoy, lejos del sentido primitivo del chamanismo, justifican la imposibilidad de llegar al trance por la insuficiente fe o escasa voluntad el individuo que recurre a ellos para lograr que exorcicen su enfermedad, su pareja regrese, su vecino se mude o el billete de lotería que posee sea el privilegiado ganador. Ayuno, percusiones tamboriles monótonas, flagelación, bloqueo sensorial y, por supuesto, sustancias que se toman o se fuman, serán las garantías reales en la mayoría de las experiencias para “el viaje”. Un viaje que no es ni más ni menos que un rapto, una enajenación símil encantada que oscurece y anula la conciencia que muta de un estado a otro, como una “doble conciencia” caracterizada por la coexistencia de lo cotidiano y un sueño con ojos abiertos.
Abismalmente distantes de los orígenes, sus métodos actuales cambian de cultura en cultura; organizan viajes, toman aviones y conducen autos, disfrutan de todo lo mundano, en especial del dinero que les permitirá pagar los espacios radiales que atraerán una mayor afluencia a la “consulta con el más allá” para que los espíritus les transmitan la mejor forma de continuar contando billetes.
Podríamos afirmar que los auto denominados chamanes, de manera similar a los conocidos líderes sectarios, no son más que oportunistas de la oscuridad “del más acá”, porque según la visión chamánica del universo “todo está globalmente relacionado en todos los niveles”.
Referencia: Mario Marchiosi, “L’intercambio con l’altro mondo”, JESUS, Anno XII, N.4 – 1991.
Mara Martinoli - Reedición - Febrero 2010
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